La flor de la bondad
crece naturalmente en el corazón humano,
pero se marchita pronto
si no se la cultiva.

lunes, 11 de enero de 2016

La nueva “igualdad” social


Por Natalia Aruguete

¿Por qué un obrero vota a la derecha? A partir del debate tras los últimos atentados en París, el investigador francés advierte cómo se impuso la “meritocracia” en las sociedades actuales: ya no se busca reducir la brecha social (que los ricos sean menos ricos y los pobres sean menos pobres), sino que todos los individuos tengan iguales posibilidades de llegar a la “cima”.


Los atentados del 13 de noviembre en París generaron reacciones diversas en la ciudadanía francesa, las primeras fueron emocionales y estuvieron atravesadas por un fuerte sentimiento de unidad nacional. A medida que pasó el tiempo, empezaron a surgir interpretaciones y puntos de vista profundamente conflictivos. Página/12 dialogó con François Dubet, uno de los sociólogos más reconocidos de Francia. Pese al dolor, este investigador exhibió con cuidadosa claridad los diagnósticos y conclusiones a los que arribaron diferentes sectores de una Francia que presenta “divisiones”. Si estas divisiones prevalecen en los próximos meses, “los terroristas habrán ganado una primera batalla”, advirtió Dubet.

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La ruptura con España tiene nuevo líder


Flor Ragucci, Desde Barcelona

Luego de tres meses de negociaciones con la izquierda independentista, Artur Mas renunció a su cargo y le cedió el mando del gobierno regional a Puigdemont, periodista y activista por la autodeterminación catalana.

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“Van a matar a alguien, no sean brutos”


No podemos confundir una democracia republicana con una democracia plebiscitaria. Si las confundimos llegaríamos a la conclusión de que Hitler y Mussolini eran demócratas. No es así: el que gana debe respetar a la minoría, porque debe dejar intangible el derecho de la mayoría a cambiar de opinión. Y esto debe estar establecido claramente en una ingeniería institucional que impida que la mayoría coyuntural haga cualquier cosa. Esto que está pasando nos pone sobre el tapete la realidad de que no tenemos la mejor Constitución del mundo, sino un texto de 160 años remendado a los ponchazos, en forma inconstitucional en 1957 y en forma constitucional en 1994, pero con urgencia para garantizar una reelección, sin mayor reflexión institucional ni valorización del parlamentarismo, por ejemplo. Hoy pagamos las consecuencias. Por eso digo que el campo político popular debe hacer su autocrítica. Es indispensable.

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domingo, 10 de enero de 2016

PIGS, ¿rebelión en la granja?


Francisco Morote Costa – ATTAC Canarias
PIGS
En la década de los noventa del siglo pasado, primero, y a raíz de la crisis capitalista de 2007 – 2008 sobre todo, la prensa financiera británica (Financial Times, The Economist) ha venido usando la expresión peyorativa PIGS (CERDOS), para referirse a Portugal, Italia, Grecia y España (Spain), culpabilizándolos por ser una rémora , un lastre, debido a su déficit público y/o desempleo, para el crecimiento económico de la Unión Europea.

TEXTO COMPLETO:
http://lahoradelgrillo-tc.blogspot.com.es/2016/01/pigs-rebelion-en-la-granja.html

El diferido tsunami manchú, o ética para meteorólogos


Juan Sasturain
Según suelen contar los que suponen que hay historias que merecen ser recordadas para la edificación, el entretenimiento o el simple regocijo de las futuras generaciones, durante la llamada Década Tempestuosa, a finales del efímero apogeo de la Dinastía Chung, en la Manchuria meridional del siglo XVII, alcanzó extraordinario desarrollo la ciencia de lo que hoy llamamos meteorología pero que entonces se definía como Lu-Sian-Tiu: algo así como “traducción del lenguaje del cielo y conjetura sobre las señales de la tierra”. Un cauto y sopesado repertorio de saberes milenarios que de pronto se convertiría en desaforada seudodisciplina especulativa de amplia difusión.
Tan así fue, que el estudio del Lu-Sian-Tiu, que comenzó siendo una asignatura más del segundo ciclo escolar tan trivial como Juegos de Manos o la Historia del Té, pasó, en pocos años, a ser materia de promoción necesaria para la adquisición del título de Mu (maestro con permiso para abrir la boca en la Corte) y, finalmente, carrera profesional independiente al mismo nivel y brillo formal que la Arquitectura Hipotética, la Astronomía de Cámara y la Maestría en Fogueo y Estrategias de confrontación.
Como suele suceder, para que la preocupación o la mera atención pública se volvieran con interés hacia ese gestuario del tiempo que constituye el clima, éste tuvo que sacudirse, dar señales de vivacidad. Así, el dato histórico es que la vasta y diversa Manchuria Meridional experimentó, en el lapso de un par de absortas generaciones, una serie de cambios climáticos radicales, alternados y contradictorios, producto de factores externos e internos, lejanos o inmediatos, que transformaron su fisonomía y llamaron la ineludible atención de todos los habitantes –débiles y poderosos– sobre la relevancia de este factor hasta entonces constante, variable invariable, si cabe.
Así, de ser una comarca previsible, con sus dos estaciones fijas y bien delimitadas, con vientos y lluvias calculables con burocrática precisión –el dibujo de la curva anual de precipitaciones y el cuadro con la intensidad y dirección del movimiento de las masas de aire estaban esculpidos en estelas de piedra en las encrucijadas de caminos desde hacía siglos–, la Manchuria Meridional se convirtió en un azaroso territorio de cuatro estaciones móviles, propicio a la sorpresa, la intemperancia atmosférica y la arbitrariedad telúrica. Y no sólo: era evidente que esa inestabilidad en el temperamento climático podía influir (se dieron cuenta entonces) en la producción, la economía y la vida social de una comunidad acostumbrada a aceptar los vaivenes de conducta de Cielo y Tierra como discusiones de pareja entre padres en última instancia protectores.
Y ahí fue cuando cobró imprevista relevancia la figura del experto en Lu-Sian-Tiu, el oscuro meteorólogo que, de su función tradicional y reconocida –describir con precisión y propiedad las características de lo que sucedía, que era siempre más o menos lo mismo en el mismo orden–, pasó, en algunos casos, a aventurarse temerariamente en otras funciones y, llevado por la necesidad, la ambición y la presión a veces interesada de la ansiedad externa, a devenir en el más brillante pero riesgoso oficio de pronosticador. Y ya no hubo vuelta atrás.
A partir de ciertos o fraguados aciertos, algunos meteorólogos reconvertidos en pronosticadores estrella iniciaron un penoso itinerario profesional que ya habían recorrido los hacedores de horóscopos y otros módicos seudoprofetas, tutores sádicos de la peor incertidumbre, y se transformaron, ellos mismos, en un fenómeno atmosférico más: fueron, desde entonces, creadores de climas. El mal ya estaba hecho.
Así, de pronto, las opiniones / diagnósticos / profecías de los volubles pronosticadores generaban expectativas que provocaban hechos concretos que volvían a operar sobre las opiniones y generaban nuevos diagnósticos y más y más especulación. Así, las consecuencias fueron rarísimas: la gente dejó de mirar el cielo o a escuchar los rumores de la tierra para asistir a las charlas rituales del meteorólogo o para leer en voz alta su libro estacional de predicciones, porque no importaba si la lluvia caía o no o si la tierra temblaba o no sino cómo poder saber a qué precio estarían las galochas en agosto si –como decía– iba a haber desbordes del Río Celeste para esa fecha y a cuánto convenía remarcar la paja para la techumbre si los nefastos vientos huracanados aumentaban en un cuarenta por ciento para el otoño.
El proceso de transformación había sido –en muy poco tiempo– en apariencia irreversible. Mientras el académico meteorólogo clásico describía y analizaba los fenómenos del clima real experimentado en acto por todos, el pronosticador de los tiempos de cambio necesitaba –para tener sentido en su misión– generar un probable / deseable / temible clima virtual hecho de expectativa y especulación a partir de su propia visión del clima o de la de quienes lo contrataban. Y el efecto de su palabra era tal, que los datos climáticos reales se desdibujaban en función de la necesidad de controlar las consecuencias de lo que (se suponía) habría de suceder. La gente compraba abrigos carísimos traídos de Turkestán y paraguas de última generación acarreados por costosas caravanas de Occidente y los acumulaba bajo la cama mientras brillaba el sol.
Todo acabó mal, como correspondía, cuando el tsunami largamente anunciado para el verano de 1678 por Tchin-Lo –el más afamado y corrupto de los pronosticadores de Manchuria Meridional– tras ser diferido tres veces, nunca se produjo. Como la apocalíptica predicción ya había provocado, durante los meses anteriores, las ventas a precio vil de todas las tierras cercanas al mar, la población damnificada no dudó en ahogar a Tchin-Lo en el primer charco que encontró. Y la funesta Era de los Pronosticadores llegó así a su fin. No así, lamentablemente, sus consecuencias.
Para paliarlas de algún modo, el sabio Fuei-San, maestro de maestros de la vieja y noble disciplina del Lu-Sian-Tiu, por encargo de Kum-Simg, penúltimo emperador de la dinastía Chung, escribió, publicó a cuenta de la casa imperial y tradujo laboriosamente al chico clásico y al japonés, durante veinte años, su Etica para Meteorólogos en cuatro tomos.
Un texto clásico que aún no ha encontrado quien intente su cada vez más necesaria versión castellana.

sábado, 9 de enero de 2016

DE LA PLURALIDAD DE OPINIONES


Por Carlos A. Valle
Buenos Aires.
El nuevo gobierno ha reiterado que ejercerá su tarea respetando la “pluralidad de opiniones”. Esto ya lo ha  establecido la Constitución Nacional, Toda comunicación será “sin censura previa” (art. 14), La pregunta que se plantea es si la pluralidad de opiniones tiene límites o condicionamientos. ¿Es posible decir o publicar cualquier cosa sin que eso deba ser censurado, o al menos, limitado?

La fina línea entre libertad y control entra en el terreno de las opiniones de quienes asumen la autoridad para trazar los límites. Sabiamente la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual ha desechado, por el principio de la libertad de la comunicación, toda injerencia en los contenidos. Tres parecen ser los argumentos para establecer límites a la plena libertad.

El primero tiene que ver con una división entre medios públicos y privados. La libertad de los privados parece no tener condicionamientos y sus contenidos, sean veraces o no, cuentan con ese privilegio. De los públicos se reclama una postura llamada democrática cuyos contenidos no deben ofrecer críticas que puedan afectar a algún sector. Para sostener esta postura se apela al ejemplo de la BBC, olvidando que se trata de una organización mayormente autárquica, y que muchas veces sus contenidos son controversiales.

El segundo argumento tiene que ver con los que algunos llamaron “el estilo” como un limitante de los contenidos de la televisión pública. No pareciera llamar la atención el estilo chabacano y el insulto desmedido de reiterados programas en la televisión privada, que denigran personas no importa su condición. Argumentar que ciertos programas deberían atenuar su estilo o formato agresivo, cuando al mismo tiempo se los descalifica para seguir funcionando, tiene perfume a censura política.

Un tercer argumento tiene que ver con los recursos de los medios. El reiterado argumento que en la televisión pública “se gasta el dinero de nuestros impuestos” ya ha sido muchas veces rebatido por las enormes sumas de perciben los medios privados a los que no se le requiere apaciguar  sus agresiones o mejorar su estilo. No debe olvidarse que, según las leyes internacionales, las ondas radioeléctricas pertenecen al Estado y quienes usan hoy medios son solo licenciatarios temporarios.

Hoy cuando la estructura de los medios es manejada por el interés económico de unos pocos, la censura se convierte en un bien privado que no requiere o procura la aprobación social.

¿Quién tiene hoy el poder de dar la palabra? Aquellos que manejan los medios de mayor alcance han aprendido que el dominio social pasa por la seducción. El control de la imaginación resulta más eficaz que apelar a la censura. Para ello optan en sus medios por silenciar cualquier tema o hecho que afecte sus intereses. Como pensaba Michel Focault el poder moderno se esparce en la sociedad y la somete porque mayormente la consiente

La despolitización de las sociedades modernas  más que una renuncia  a la participación refleja un proceso de persuasión para aceptar los parámetros de interés producidos por los centros de poder. Estos intereses se centran mayormente en el desarrollo de una particular línea económica y política. De esta manera, es un tanto arriesgado atribuir la renuncia a la verdad como una decisión voluntaria y no el reflejo de un estado de cosas donde lo que se produce es el ocultamiento de la verdad.+ (PE)

Lo que depara el capitalismo para el futuro



Economistas estadounidenses de diversa orientación política han estado opinando en estos días acerca del nuevo libro de Robert Reich titulado Salvando al capitalismo: para los muchos, no para los pocos, presentado en la Revista de Libros de Nueva York el 17 de diciembre de 2015.

Para Paul Krugman fue gratificante constatar la sinceridad descarnada que expresa el título de libro de Reich porque “salvar el capitalismo” implica que el capitalismo está contra las cuerdas, o sea, en peligro de extinción, “consideración en la que creo, saludo y comparto”. El marxista Zoltan Zigedy señala que Robert Reich, Paul Krugman y Joseph Stiglitz comparten altos logros en la economía académica y constituyen un triunvirato intelectual no marxista bien informando. Aunque ellos no estén de acuerdo en todo, comparten un conjunto básico de creencias en la viabilidad del capitalismo y su necesidad de reforma. No obstante es raro ver a algunos sugiriendo manifiestamente la urgencia de salvar el orden burgués.

La urgencia deriva del espectacular aumento de la desigualdad económica en los principales países capitalistas, particularmente en Estados Unidos. Krugman confiesa que la desigualdad era una cuestión que Reich y él "empezaron a tomar en serio" ya hace veinticinco años. “Pero creo que es justo decir que no tomamos en serio ese crecimiento de la desigualdad como una característica estructural del capitalismo hasta que apareció el importante trabajo de Thomas Piketty hace dos años”.

Según Zigedy, los economistas no marxistas Krugman y Reich han modificado su interpretación de las causas del crecimiento de la desigualdad durante las últimas décadas. Krugman, afirma Zigedy, describe un capitalismo desarrollado actual que se asemeja al capitalismo que los marxistas vienen describiendo desde hace más de medio siglo.

Hace décadas, los economistas liberales sostenían que el aumento de la desigualdad era resultado de que había sectores de la clase obrera que no reunían los requisitos tecnológicos o carecían de las habilidades exigidas por el "cambio tecnológico basado en la habilidad" (SBTC, por sus siglas en inglés). La educación era vista por ellos como el gran nivelador, estabilizador de  la riqueza y el avance de los atrasados. Pero con la actual ruptura de la correlación ente nivel de educación y compensación, todos rechazan el SBTC como explicación adecuada y clave para detener el crecimiento de la desigualdad. El aumento del número de graduados universitarios abrumados de deudas rompió esa ilusión. Así, Krugman sustituye la explicación tecnológica para el crecimiento de la desigualdad, por algo que es eje central del estudio de Reich, el poderío monopólico. Es la concentración del poder económico en manos de pocos jugadores corporativos lo que lleva al aumento de la desigualdad económica. Según Krugman y Reich: "... es evidente que nuestra economía se asienta mucho más en los monopolios y oligopolios que en la competencia atomística."

Zigady pregunta ¿Por qué Reich y Krugman tardaron tanto tiempo en llegar en esta consideración a la que Lenin arribó hace  más de cien años? Escritores marxistas como Paul Baran y Paul Sweezy dedicaron hace casi cincuenta años un influyente libro al capitalismo monopolista.

Así, los economistas no marxistas y sus aliados políticos hasta hace poco desdeñaban el concepto de poder de monopolio, que los marxistas han hecho pieza central de sus análisis.

Pero Krugman y Reich revelan otros acoplamientos cruciales:  entre el poder político y el poder económico (poder monopólico) y los del mercado con el poder político. Ellos observan que el poder monopólico es sostenido, protegido y ampliado por actores políticos, así como que los actores políticos son seleccionados, alimentados y guiados por el poder de monopolio. Esto crea un preocupante problema para aquellos que buscan la reforma del capitalismo.

 En palabras de Krugman, la conclusión a que llega Reich es que la creciente riqueza en el segmento poblacional superior incrementa su influencia política mediante contribuciones de campaña, cabildeo y recompensas. La influencia política, a su vez, sirve para reescribir las reglas del juego en la sociedad. El resultado es una especie de espiral, el círculo vicioso de la oligarquía.

Para los marxistas, la concentración engendra necesariamente capitalismo de monopolio, que posteriormente se funde con el Estado, creando una síntesis que convierte a las normas del Estado en policías en el terreno económico encargados de maximizar la viabilidad y el éxito del capital monopolista.

Nada demuestra mejor ese maridaje que los rescates de las mega-corporaciones ("supuestamente demasiado grandes para quebrar") ante las crisis y el evidente incremento del dominio del capital monopolista en el sistema político de dos partidos que rige en Estados Unidos.









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